Fragmento: El Hombre Resentido.
Y cuando te
quitas la manguera de la boca, comienzas a gritar: ¡Estoy condenada! ¡Oh, soy
indigna, una puerca, carne débil! ¡Señor, Cristo, perdóname porque he soñado
que un amigo me desnudaba y se ha dedicado a explorar mis rajadas!
¡Cristo,
ayúdame a no sentir deseo, quítame las ganas de ser penetrada antes de estar
oficialmente casada!
Comentarios
Publicar un comentario