lunes, 19 de abril de 2010

Más sobre "El Hombre Coherente"




“Lo mejor que he hecho en mi vida es no fecundar un óvulo o fecundarlo, pero luego matarlo”

Hubo una época en la que me dediqué a ayudar a las mujeres en su mayor desgracia, pero la gran mayoría no lo comprendió; se dejaron cegar por los instintos paternos y me denunciaron con la Policía; afortunadamente logré huir de sus garras morales y continuar mi trabajo benéfico.
En mi gran gentileza murieron varias mujeres, aquéllas que más tardaron en corregir el error; otras se salvaron, vivieron, pero afortunadamente, sus hijos no.
Ya se deben ir haciéndose a la idea de qué clase de favor le ofrecí a La Sociedad.
Demasiados cometen el Error de no repudiar a las mujeres embarazadas, de cederles el asiento, de tratarlas bien, de darles privilegios, de apoyarlas.
sé que inevitablemente también nací de una ilusa que creía cometer una obra maravillosa al no destruirme, pero qué importa eso ahora...
Todo es culpa de ese adiestramiento que predispone un rol maternal como algo merecedor de respeto… ¡Qué Locura!...
...Cada foto, un recuerdo para la Historia, evidencias de mi yo real... retratos de sus muertes tempranas. Rodaron sobre sí mismos, cayeron, se tropezaron, sangraron, y leves lamentos resonaron en mis oídos;quedé entusiasmado por el sonido de la pólvora. Saqué del bolsillo del pantalón la navaja, me acerqué a una niña, levanté su cuello y le corté la garganta, después hice lo mismo con los dos restantes.
Esa niña que maté iba ser bonita cuando grande, pero, ¿qué importa eso?
Escapé de allí con suma facilidad, pues nadie vigilaba a los niños.