martes, 10 de enero de 2012

La mano dura mejora la sociedad


La sociedad cada vez es más débil e improductiva, creo que es por culpa de las familias, papás, mamás, tíos, abuelos, abuelas, etc. Que desde que sus hijos, sobrinos, nietos o cualquier infante nace los educan de modo sobreprotector, demasiado dulces; estos niños crecen con una falsa idea de que se merecen recibir cosas agradables de los demás, de quienes los rodean, pero eso no es verdad. tanto amor y comprensión termina yendo en contra del individuo.
A los niños y niñas que no maltratan en el nivel adecuado de maltrato, es decir, a esos que les cumplen cada uno de los caprichos, sueños y esperanzas les generan un gran problema. los miman, los cuidan demasiado y no les dan herramientas para afrontar la dureza de la vida; los convierten en personas facilistas, perezosas, en mediocres, en pusilánimes, en gente que no sabe luchar ni esforzarse por lo que anhelan.
Aunque muchos quieran impedirlo y negarlo, resulta que a los hijos si hay que golpearles cuando se comportan mal, hay que castigarlos, reprenderlos, generarles insatisfacciones, lecciones de vida, ponerlos a llorar de vez en cuando, no darles todo lo que piden ni excusar todo lo malo que han hecho.

¿Qué piensas de esas mujeres caprichosas, fastidiosas, exigentes?
Son un asco, un fastidio, ¿cierto?
Bueno, la culpa la tienen los padres, las personas que desde pequeñas les dijeron que eran “unas reinas, unas princesas, especiales”. A partir de ahí comenzó el error.
Crecen creyendo que todo lo pueden conseguir por ser mujeres, por ser bonitas. Darles demasiado afecto e importancia en la niñez, ponerlas en una posición de superioridad en relación con los demás convierte a esa niña en una consentida, en una mujer que se ve como princesa y en la edad adulta será una manipuladora,  una caprichosa de mierda y otros defectos más.
También hay niños así, no es solamente algo de femeninas engreídas.

A los niños debieron educarlos con coherencia, no con megalomanía, no con delirios de grandeza, etc. Es verdad que hay unas niñas muy bonitas y especiales, pero hablando en serio, “no todas pueden ser complacidas, ni princesas ni hermosas”, muchas son feas tanto como personas como físicamente.
 Algunos padres, la mayoría, educaron mal a sus hijos haciéndoles creer que sí eran lo más hermoso del mundo y ahora, ¿quién se los soporta, quién les satisface las estupideces que exigen?
Las leyes que protegen al niño acá en Colombia en muchas ocasiones son aprovechada por los delincuentes, pues ellos saben que como menores de edad sus crímenes no los castigan con la misma severidad que a un adulto.   
Por otro lado, opino que la amabilidad y la sobreprotección tienen cosecuencias mucho peores de lo que se podría suponer; la ternura y el amor excesivo no conviene a nadie.
Un hombre mal educado, es decir, tratado con debilidad y mano suave no va gustarle ir a trabajar en las mañanas, no va obedecer un horario típico de trabajo, no va ponerse en situaciones de dolor o sufrimiento.
A menos que, le enseñemos que eso es normal, adecuado, parte de la existencia, el mundo se llenará de imbéciles, de irresponsables, de intentos absurdos de Comunismo, Anarquismo y Revoluciones en contra del Sistema.

En un mundo donde se cuidan los Derechos del niño, la sociedad termina repleta de parásitos, de vagos, de inútiles, de buenos para nada, de mediocres, facilistas, nocivos para el orden social productivo.

Así que, les aconsejo que dejen de mimar a sus hijos, a sus nietos, sobrinos y a cualquiera, ¿Acaso quieren más delincuentes, más ladrones, menos mano de obra calificada, estudiantes con bajo nivel académico, ineptos, drogadictos, gente deshonesta?

Entonces comienza a quitarte la correa del pantalón y pégale a tus hijos la próxima vez que te den un motivo, no seas alcahueta ni manipulable.
Pero recuerda que la decisión de golpearla y castigar es suya y tiene consecuencias. Si le lava la boca con jabón por decir vulgaridades, si le quema una mano por robar, si le corta una pierna o se la amarra contra un poste por callejear tanto, si pone barrotes en la habitación de su hija para que no salga a putear, si le quita Internet, el teléfono, el Móvil y los amigos, no olvique que es su responsabilidad, asuma las consecuencias de sus casatigos.
Si su hijo o hija salen acomplejados por sus castigos y luego compran un arma y le disparan a cualquiera que los moleste, no me culpe. Yo no fui quién convirtió a su hijo en un violador ni a su hija en una puta.