domingo, 18 de abril de 2010

No soy un Animal de circo






















Animales de feria

¿Acaso somos animales amaestrados? Nos enseñaron a actuar por una bonificación, tal cual un animal de circo. Las maravillas, las buenas acciones que la gente realiza es por su alimento y no porque ellos sean maravillosos, bondadosos, caritativos, amables.
Su mentira se derrumba después de conseguir lo esperado, o al fracasar, sale a la luz lo que en el fondo eran, unas personas malas y no lo que aparentaban con tal de ganar, de recibir su premio.

El elefante, el animal adiestrado, por sí mismo no le interesarían llevar a cabo las acrobacias.
Para el animal, para el conquistador de mujeres, para el trabajador, para todos, sus acciones son una obligación, una necesidad, no actúan por un gusto individual, actúan motivados por la galleta que su jefe, la mujer o dueño le dará tras cumplido el espectáculo.
La búsqueda de la recompensa, la desgraciada recompensa, que excusa nuestras acciones de porquería.
La persona usa el engaño, acepta las humillaciones, finge ser paciente, cordial, se degrada personalmente, etc. Por algo que espera recibir o merecer de los demás.
No hemos evolucionado, todavía somos animales de circo que por una compensación satisface a su dueño, a las mujeres, a su Rey. Por la ganancia alegramos al otro con una acrobacia, con una maroma.
Una acrobacia, es todo aquello que por ti mismo no harías, que lo haces para complacer a alguien de quien deseas algo a cambio. Se incluye como premio a tu acrobacia, el dinero recibido, lo que te dicen amablemente, los halagos que engrandecen tu ego, tu vanidad, recibir un abrazo, un “Gracias”, un beso, una caricia, alimentación, licor, vicio en general.
Entonces, el Hombre admirable, es aquel que pueda liberarse de esas cadenas, que rompa el círculo “Dar por Recibir, Recibir porque dio”. ¿Cómo anular la retribución y desarrollar las acciones sin verse por extensión compensado en el futuro?