jueves, 27 de mayo de 2010

¿Para qué casarme?


No necesito quien me lave la ropa ni que me cocine o que me barra y trapee la casa, que lave los platos, ni que planche la ropa, que lave el baño, etc. Esas cosas las hago solo, no soy un inútil que consigue una mujer para reemplazar a la mamá y la sirvienta, a la esclava. No voy a casarme porque no soy un cobarde que no ha aceptado que está solo y no es capaz de vivir sin novia, sin pareja. No me voy a comprometer con una mujer para asegurarme un par de relaciones sexuales al mes. No me voy a casar para no amargarle la vida a nadie ni viviré con alguien que me fastidie la vida. El matrimonio o las relaciones afectivas en las que ambos se ven más de cuatro veces a la semana, lo único que me provocan es hastío, cansancio; destruyen la relación; uno se cansa, se aburre de ver al otro, le estorba, le quita libertad, independencia, privacidad. Las dependencias afectivas y acostumbrarse a alguien hasta dejarse engañar con la idea de que uno necesita a la persona amada, es una grave equivocación.
Así que mientras no sufra de esas debilidades o defectos, me quedaré solo; de vez en cuando me involucraré con una mujer, pero sin caer en la Trampa. Y si caigo en la trampa, estoy conciente de que todas las cosas y las personas son efímeras, momentáneas y pierden su utilidad.