lunes, 26 de julio de 2010

¿Ser o no ser... ebrio?



"Ser Borracho o no ser Borracho, he ahí la cuestión"

El vacío, el tedio, las drogas y el alcohol mueven estas calles de Bello. Cada individuo con su falencia se hospeda aquí temporalmente y encuentra su fugaz escape de la monotonía.
En la calle de la decadencia nace y se Re-crea la felicidad; una felicidad compartida, cada hombre forma un grupo, un dúo dinámico que existe para alcanzar esas metas: comprar Licor, Marihuana, y demás sustancias. He allí los objetos que impiden la disolución de esa amistad endeble en sobriedad.
Mientras las dosis fluyan las carcajadas y los ánimos no cesan, mientras en la botella quede algo para tomar, no habrá motivos para empezar a emigrar, pero cuando la botella se vacía, es el momento más triste, es la hora de la partida.

Algunos fingen una disolución del grupo para alejarse de aquellos que comienzan a estorbar, a no contribuir con los embriagantes objetivos. Entonces les mentimos con descaro y naturalidad para escapar y nos reunimos los más unidos del grupo en otro lugar. Los más soportables, los menos fastidiosos son los que permanecen.

En la búsqueda de Licor se abandonan a unos y se utilizan a otros, claro, uno también es usado, la manipulación depende de cuánto te queda en el bolsillo o de cuántas botellas escondes dentro de la chaqueta; o en otras ocasiones, solamente depende de que, una vez en el pasado o varias veces, tú hayas invitado, brindado un sabroso trago de Licor.
”Esta semana no tengo, recuerda que la anterior tú tampoco tenías y yo te ayudé a embriagarte”.
Qué cobardes aquéllos que no consumen ninguna droga, eligen por falta de agallas no adentrarse en el Ser—borracho, se resignan con el Ser—sobrio.
A la mierda con individuos que son incapaces de saborear la decadencia y salir limpios o no tan dañados de allí.
Un día Ser y el otro No—Ser. He ahí mi elección. Ser el más asqueroso una noche, pero el resto de la semana No—ser.
¿Acaso ya no tienes sueños?—preguntarán y les diré con sarcasmo—Sí, cada que no duermo bien, me da mucho sueño, pero duermo bien y se me quitan, a ustedes, los soñadores, deberían de quitárseles sin dormir. Cuanta más decepción obtengan, más libertad experimentarán.
No insulten el vicio, pues el vicio nos impulsa a actuar, a movernos para satisfacer esas ansias.
Algunos, la mayoría trabaja por los hijos, por la esposa, nosotros, por marihuana, por botellas de no decepcionante licor.
¿Ser o no Ser, he ahí la cuestión?... ¿Embriagarse o no embriagarse? He ahí la pregunta errónea.
No embriagarse, no modifica nada, pero emborracharse, sí cambia el mundo. No embriagarse es la monotonía, beber Licor es romper con el hastío general de la vida.
El vacío, la nada dentro de nosotros mismos nos permite cualquier metamorfosis, los cambios de actitud, los cambios de bando, de puntos de vista.
No temo el supuesto alcoholismo, es una ebriedad que se instala en el pasado, que no llega a des meritar a la persona, que no impide la libertad de Ser—sobrio.
El encasillamiento es una disculpa del mediocre, del perezoso; similar al que dice que es malo para comprender las matemáticas y así se ahorra el esfuerzo, ya no se esmera por entenderlas. Se auto—engaña: soy malo para esto, para qué remediarlo, ¿cierto?
Así mismo hace el que se cataloga de borrachín, de drogadicto.
Embriagarse no es tan sólo consumir, beber también es salir, pasear, conversar, ver la multitud, tropezar con el gentío, tumbar cosas, hablar con los otros borrachos, reír juntos, burlarse de los otros, que se burlen de uno.
Con el licor se mezclan muchas cosas por añadidura. ¿Cómo cambiar eso que tantas horas de placer me ha dado? ¿Con qué superar este vicio y lo que ocurre gracias a él?

Diez años que giran en torno al alcohol no se abandonan porque tu madre, tu padre o un amigo lo pidan.
No es posible que reniegue de estos diez años que he vivido intensamente, no es lógico que me arrepienta de lo experimentado, de la gente que he conocido, de esas vivencias.
Ese grupo de personas tan peculiares no se encuentra en otras calles sin vicio, en grupos de abstinencia y no significa que el no—vicioso no sea interesante, sino que, no me agradan tanto, no piensan como pensamos nosotros. Los no—viciosos son de otra esfera, de otra clase, con valores y creencias distintos, con más prejuicios, con más moralismos estúpidos, con menos libertades, más cerrados de mente.
A los que me piden que pare de beber, les digo: acéptenlo, sin dolor, sin amargura, sin orgullo o grosería, les digo, yo soy ese hombre ebrio del fin de semana, pero también soy ese Germán que permanece escondido en la sobriedad.
Los fines de semana soy ese ebrio y no finjo, no me auto—engaño, pero al estar sobrio es cuando sí miento, cuando controlo demasiado las actitudes.
Los viernes y los sábados alcanzo un punto máximo de sinceridad, esos días soy completamente el ebrio, no soy parcialmente un rostro, una mentira aprendida, sostenida por la costumbre o las reglas de la sociedad.
Por lo general, uno es mitad sincero, mitad hipócrita, calla, omite, se aguanta la rabia para no explotar, se controla para no tratar con furia o con cariño a los demás.
El abstinente engaña más, todos sus sentidos permanecen alerta para mentir con mayor propiedad, sin visos de error.
Yo, ebrio, no lucho, me entrego en totalidad a la ebriedad, no la domino, me ahogo, me entrego, me consume, me empapo totalmente.
Por fin logro SER, soy perdidamente el borracho que buscaba ser desde antes del primer trago. No soy un intento fallido, no fue una búsqueda infructífera, la ebriedad se logró.
Gracias al licor me transformo en alguien pleno. Nada más verdadero que yo, un sábado a las doce de la noche, no hay dudas que de ahí soy, soy un borracho, no hay cómo quitarme tal título. En esos momentos soy REAL. En los otros, es decir, sobrio, estoy pretendiendo, fingiendo, no soy en plenitud, juego a ser lo que no soy sinceramente. Por ejemplo, por algún motivo me enojo, pero el enojo no me posee a cabalidad, en unos minutos puedo calmarme, ir del enojo a la mansedumbre, en vez con el licor soy ebrio y no hay más.
El enojo pierde su fuerza, su realidad con facilidad, pero la borrachera me transforma en un ser real, pleno, En-sí-para sí. Un objeto constituido a conciencia.