lunes, 9 de agosto de 2010

La Lamida del enano

Los sueños reprimidos de una amiga:

Conversaba con mujer que hasta el día de hoy puedo decir que es sarcástica, pero encantadora, luego veremos hasta cuándo dura ese concepto; nuestras tardes telefónicas contienen una variedad de tonos: el crítico, las opiniones cortantes y burlescas; hablar mal de los demás nunca aburre y mucho menos si ambos ven lo irónico y lo gracioso en las mismas situaciones. El diálogo fluye sin estructura fija, sin reservas ni vergüenzas; yo lo clasificaría de “un diálogo abierto”. Libre de escrúpulos, esos que usan los hombres cuando llaman en plan de conquista y entonces ocultan cosas, mienten a montón y dicen cosas por conveniencia, principalmente por “Agradar”, “por quedar bien”. En fin, no recuerdo exactamente de que hablábamos, pero algo la hizo recordar el sueño que tuvo en la madrugada, fue algo así: Soñé que estaba en mi cama, y de repente la puerta se abre y veo a un enanito en calzoncillos blancos, con un corte de cabello ridículo, pintado de verde y mirada maliciosa. El enano se las arregló para subir a la cama con intenciones de que fornicáramos, pero yo sentí asco y le dije, ¡No quiero, además, tengo el periodo! Pero el enano no me creyó porque esa es la mentira típica que las mujeres utilizamos para sacarnos de encima a un fastidioso. Y entonces el enano me quita la cobija de encima y mete su mano pequeñita en mi vaginita y después la saca impregnada de sangre, la huele y le da una lamida a la mano como si en vez de menstruación estuviera probando arequipe y dice: Ve, es verdad… y se va.