viernes, 10 de septiembre de 2010

Cuento: El Buen samaritano

El buen samaritano (Escrito para el concurso "Los sueños de Luciano Pulgar")

En una sociedad donde últimamente se excusa el egoísmo y el individualismo, donde cada vez hay más ocupaciones y menos tiempo que perder, la indiferencia ante las necesidades del otro es mayor; ya sea por falta de de tiempo, por desconfianza o por simple mezquindad, actualmente es complicado hallar una persona que no esté cegado por la codicia y le sobren los argumentos para su mal proceder. Pero en medio del caos, un hombre sencillo se destaca por no dejarse arrastrar por la corriente. Esta es parte de su admirable historia.
Germán es el tipo de ciudadano con disposición para ayudar a quien lo requiera sin que el factor tiempo o dinero le impida llevar a cabo las “buenas acciones hacia el prójimo”, por ejemplo: si le piden el favor de que vaya al Hospital Rosalpi a las cuatro de la madrugada para pedir una cita médica, él se levanta a las tres o se queda despierto desde el día anterior con tal de que le toque un buen puesto en la fila y a las seis le den un ficho de los primeros y así la persona enferma reciba la cita que ha pedido lo más oportunamente posible. Ayuda a los ancianos, a los ciegos, a los paralíticos, al extranjero extraviado, al que viene de otro departamento y no sabe en qué lugar de la ciudad ni cuál estación de El Metro abordar para llegar a su destino; Germán le colabora a los niños con sus tareas de ingles y de español y no les cobra ni un peso, pues opina que lo esencial es la educación y como no todos pueden pagarle por su conocimiento en estas materias, la plata es lo que menos le preocupa. En resumidas cuentas, es un hombre que actúa de manera admirable y que no busca recompensas ni halagos, pero lo que sucederá el día de hoy pondrá a prueba su nivel de buen samaritano.
Se encontraba de camino al trabajo, a las siete de la mañana, iba irse en Metro.
Luego de pagar y cruzar los torniquetes vio a una señora con dificultades para bajar los escalones, se acercó a ella, la saludó, ¿Puedo ayudarla, señora?, Preguntó y antes de que respondiera la tomó del brazo izquierdo y bajaron bien despacio hasta la plataforma, ambos subieron al vagón en medio de agradecimientos y sonrisas… incluso el policía bachiller quedó avergonzado por el incumplimiento de su deber. Germán se sentó y esperó la llegada a la Estación Industriales. Miró alrededor un ensimismamiento casi absoluto o fingido en varios sectores del vagón. Es lo que llaman la Cultura Metro, pero simplemente cada pasajero fue adiestrado, manipulado por la vergüenza, por el qué dirán, pues si se comportan como son en realidad los acusarían de mal educados, de malos ciudadanos. Por ello juegan a ser decentes, recatados. La mirada ajena tan cercana los mantiene en su sitio, el miedo y la vergüenza sirven, es una gran estrategia para dominar. Los malos pensamientos van y vienen, pero no los dejan salir a la superficie, se controlan para encajar en la cultura ciudadana.
Al frente de donde me he sentado veo un señor, va vestido con pantalón azul y una camiseta estampada; el estampado muestra los edificios emblemáticos de la ciudad de Medellín. Le escucho mientras habla con un acento paisa muy pronunciado, ha mencionado algo sobre la ciudad, se nota que lo dice con “Orgullo”. Mínimo, es un regionalista. Un tipo fastidioso, de esos que se llena la boca hablando de lo perfecta que es su Antioquia. Ya lo imagino hablando en las reuniones, en los eventos; se pondrá petulante al hablar de Fernando Botero, del Metro, del Atlético Nacional, del Independiente Medellín, de las Empresas Públicas de Medellín, etc. Es uno de esos hablantinosos que asegura y pelea por su región si no le dan la razón cuando dice que los Antioqueños son los mejores, echados pa’ lante, que son los más pujantes, los más trabajadores, etc. Tanta arrogancia me parece parcial.
En los vagones a diario noto miradas de reojo, nadie se conoce, pocos conversan entre sí, andan distraídos por los problemas económicos y personales, sus ojos están rojos de cansancio… la amabilidad del mundo es una fachada, no hay amistad aquí, hay aprisionamiento y ganas de llegar a casa, terminar la jornada laboral y descansar; No somos nada más que un número, una cantidad, una entrada y salida entre Estaciones. Eres 1. 400 pesos para la gerencia del metro.
El vagón se vaciaba cada vez más en cada parada, Germán se puso de pie antes del anuncio por los altavoces, se dirigía hacia la puerta de salida, pero algo lo distrajo, se detuvo ante un maletín, seguramente olvidado, lo agarró y salió, miró a la gente intentando notar alguna señal de preocupación en sus rostros, pero ninguno reflejaba una actitud que lo guiara, que le diese una pista del posible dueño del maletín extraviado. Se sentó y abrió el maletín en busca de alguna información, un nombre, un número de teléfono, pero lo que halló fue un montón de billetes de alta denominación… más se preocupó, se quedó allí durante 15 o 20 minutos, no le importó si llegaba tarde al trabajo, aguardó, pero nadie volvió con un comportamiento que lo señalara como el posible dueño de un objeto perdido; así que se acercó a un policía y le preguntó:
¿Ha recibido algún mensaje por la radio sobre alguien que olvidó algo en los vagones?
— ¿Qué?... disculpe, señor. En este momento estoy muy ocupado… un tipo en “Estación Parque de Berrio” está a punto de suicidarse…
Germán tuvo una corazonada… señor agente, pregúntele a los policías por qué se quiere suicidar…
¿para qué?... deje de ser chismoso—contestó el policía…
-confíe en mí… el agente dudó un poco en prestarle atención a la petición de Germán, pero por fin accedió… habló por la radio con sus compañeros y estos le dijeron que la persona en cuestión es un mensajero que perdió un maletín con dinero, que lo debía depositar en el banco y ahora no sabe qué hacer, que de seguro el jefe lo va a despedir, y se va a quedar sin como mantener a su mujer e hijas… Germán lo interrumpió, señor agente, creo que esto es lo que el señor necesita, dijo y levantó el maletín a la altura de los ojos del joven e inexperto policía.
El muchacho comprendió y de inmediato informó a sus compañeros de la gran noticia. Ambos fueron a entregarlo, pero el suicida seguía al borde del abismo, no se dejó convencer, no lo creyó hasta que vio a un desconocido con su maletín en la mano y esbozó una sonrisa, suspiró con calma, el color le regresó al rostro y se alejó del borde, saltó hacia suelo firme y abrazó al desconocido mientras le daba las gracias con lágrimas en los ojos… gracias, señor, me ha salvado la vida, gracias… y la multitud empezó a aplaudirle y a felicitarlo por su honestidad. Desafortunadamente para Germán las cámaras de televisión estaban allí y no pudo escapar de dar una pequeña entrevista para el noticiero local. Aunque ello le evitó una sanción en la oficina y su trabajó no peligró por la tardanza. A la hora del almuerzo todos los compañeros de oficina encendieron la televisión para ver la hazaña de su amigo… pero no faltó el que dijera indirectamente que fue estúpido lo que hizo, pero eso es inevitable, ser una persona de bien no se improvisa. ¿La oportunidad hace al ladrón?... No, la oportunidad nos define si estamos entre el ladrón y el hombre Honesto, les respondió para aplacar las críticas. El día siguió su curso normal, trabajó hasta las seis de la tarde y regresó a casa, pero no sin antes haber cedido el puesto a la señora embarazada que lo necesitaba.
Entró a la casa:
¡Cariño, ya llegué!
Hola, mi amor, te vi en las noticias
Si, fue inevitable la publicidad, pero se hizo lo correcto, el resto fue por añadidura.
La esposa preparó la cena y se sentaron a ver las noticias de las siete:
¿Sabes?... Te confieso que me voy a ver el noticiero para ver cuán guapo te ves en la TV…
“Buenas noches, atención, noticia de última hora… una bomba ha explotado en el sector de prado centro de Medellín, infortunadamente hubo 54 víctimas fatales y daños materiales, el artefacto detonó a las seis de la tarde. Las autoridades han capturado a un sospechoso…
-Qué horrible, mi amor, … definitivamente a la gente no le gusta vivir en paz, dijo en voz alta la esposa mientras interiormente pensaba que la bomba opacaría la bonita obra de su esposo…
…sospechoso,  quien sería el responsable de entregar el dinero para que se realizara el atentado terrorista. Aquí les mostramos al sospechoso en el momento de su captura”…

- Querida… creo que cometí un error…
- ¿Qué pasó, amor?...
- ¿Ves a ese hombre?
- Si, claro, ¿Qué con él?
- Es la misma persona a la que le devolví el dinero…