miércoles, 3 de noviembre de 2010

El asesinato de un amigo


(Dedicado a Henry (Dragón) quien vivió en el barrio Machado de Bello-Antioquia)

Supongo que Henry mantenía una mínima esperanza o una gran inocencia:
Estacionaron las motos, él desciende de la moto a la fuerza, bajo presión; el corazón le palpita a mil por minuto, camina temblorosamente, bajo las órdenes de los jóvenes delincuentes que lo capturaron.
La oscuridad y la desolación del sector fueron sus aliados para cometer el delito a espaldas de unos feos apartamentos, a pocos metros de un supermercado llamado “Consumo”en el barrio Niquía de Bello.


Amarrado o con las manos sueltas, no sé con exactitud, le dieron la risible opción de escapar, de que corriera por su vida; lo hizo con la ilusión de lograr escapar, pero ellos, los homicidas sin rostro ni nombre, apretaron los gatillos de sus pistolas mientras se burlaban de él al verlo caer cuando se tropezó con las piedras del terreno baldío.
Escuchó cómo lo insultaban, oyó el “BANG”,”BANG” del revólver calibre 38 largo. Sintió los impactos de plomo en su carne sudorosa, pero no se detuvo, siguió corriendo, resbalándose hasta que, los siguientes impactos de bala lo tendieron agonizante sobre el pantano y la maleza... se burlan de Henry:
— ¿El niño de rostro irresistible siente miedo?... sangra, ve, no es sino lindo, pero lo bonito no lo hace invencible... ja, ja, ja.
Muere conquistador, muere galán de la Mierda, te metiste con la mujer equivocada, con mi novia, entonces, agoniza, te vas a podrir muy pronto, ya no podrás besar ninguna otra boca, las muchachas bonitas no verán más tus ojos claros.
No comerás de nuevo tu alimento favorito, no reirás más, el disfrute de la vida te lo hemos robado, ahora revuélcate de dolor y miedo, pues eso es lo último de lo que tendrás conciencia, Conciencia de la agonía, del ahogo, de la falta de aire, de la sangre que te mancha la ropa, conciencia del olor de la sangre mezclada con pólvora; tus últimos pensamientos serán desesperantes. Qué lástima de ti, joven guapo.
Nadie acude a salvarte, no hay quien nos detenga, somos libres para matarte, ninguna fuerza suprema nos ha impedido dispararte, resígnate, niño lindo del barrio.


Henry Se tocó las heridas y se dio cuenta de que las manos también le sangraban y le dolían al moverlas. Han fallado los primeros disparos, pero eso no vale nada ya...
pues ahora que se ponen frente a él para asesinarlo.
La conciencia se hace consciente del calor nervioso, de los escalofríos y del dolor adormecido; Henry se entrega a la Muerte, se regocija en su agonía lenta.
Está confundido, pero su cerebro lo anestesia... se va durmiendo y resignando.
Las drogas del cerebro lo narcotizan y cae en la satisfacción de Morir, de no sufrir nunca más, se imagina estupideces similares al cielo, imagina familiares ya muertos que le hablan, imagina un túnel luminoso que supuestamente lo conduce al paraíso inventado por los cristianos.
La sangre fluye por la tierra, se mancha su camiseta favorita y el pantalón que su abuela le lavó y planchó el miércoles en la noche se ha estropeado.
Los tipos sin identidad apuntan sus armas a la cabeza... !apunten, listos... fuego!
El final cede con la destrucción de los sesos. Aquella cansada conciencia cesa de captar el Amor, el cansancio, el rencor... en fin. La nada en Henry se ha fundido en una cosa a manos de otro.


Ese joven rubio es ahora compacto, pleno. Es un objeto, al contrario de nosotros los vivos. ¿Lloramos solamente por egoísmo su caída, su totalización involuntaria? ¿Nos trastorna su extravío o sólo tememos por el horrible futuro, por lo que nos golpeará fuertemente la cabeza mañana?
No es gran cosa vivir desarmado, no robar, no pelear, ni dedicarse a otras cosas; leer, por ejemplo. Al asesino no le interesa si te gusta La Cultura o no. La Muerte está en manos de los delincuentes, en cada uno de nosotros; las circunstancias nos llevarán algún día a Matar, a vernos obligados a Disparar, a empuñar el Machete. Pero si yo mato es porque fue la única salida que vi, era mi vida o la de él, del que amenazaba con convertirme en cadáver.
 Pero, los grandes asesinos no discriminan, no se detienen a pensar si eres un buen ciudadano, si tienes unos hijos que dependen de ti; carecen de escrúpulos, lo mismo les da si contribuyes o si estorbas en la Sociedad.
Demasiado inocente fui al creer que a personas como yo no les ocurrían esas tragedias por el simple hecho de no mezclarme con gente violenta.