viernes, 5 de noviembre de 2010

Odio a los evangélicos y a los testigos de Jehová


(Nota del autor: En verdad no los odio, al contrario, me dan lástima. Ignorantes, débiles, manipulados)

No me caen bien por muchas cosas, principalmente por las normas y el estilo de vida exagerado que difunden, pero pocos cumplen, por sus intentos de controlarlo todo, en especial lo relacionado con el sexo, con los placeres mundanos; no me simpatizan por intentar negar, suprimir, esconder la sexualidad en cada persona y porque es mentira, me han contado que cuando un recién evangelizado llega al culto, las mujeres se le lanzan encima, le hablan con amabilidad, le coquetean, etc. Esas mujeres se enloquecen con un nuevo miembro, pues están hartas, cansadas, aburridas de no poder practicar el sexo sin que un matrimonio lo permita antes, y viven ansiosas de casarse para poder por fin follar sin límites, para sentir que tienen permitido que les metan el pene como perras en calor y entonces no pensar que es un pecado.
Al casarse, supuestamente dejan de cometer pecado.

Las personas, hombre o mujer que fingen y dicen no pecar, es decir, no manosearse ni acostarse a escondidas con ninguno, pero es falso, pues las felicito.
Qué bien que no se dejen controlar ni infundir miedos arcaícos.
Para y por algo le dieron un cuerpo que siente placer.

A los evangélicos les abunda el desprecio, la discriminación, la prepotencia, la arrogancia, el egoísmo, la estupidez, el miedo, las ilusiones banales, etc.

Qué mentalidad tan asquerosa se esconde bajo esa ropa limpia y elegante.
Su apariencia de personas decentes y amables, no es más que una patraña. se creen lo mejor de lo mejor y a los demás los miran como a mierda, como a gente perdida, extraviada, miserable, condenada al infierno, indignos de la vida eterna.
¿Qué les puedo decir a ellos?...
Pues continúen esperando en vano la venida de Cristo, a la final cada quien decide cómo auto-engañarse, cómo darse un aliciente en medio del absurdo.