viernes, 14 de octubre de 2011

¿Qué es lo que mueve al mundo, lo malo, lo bueno? La negación de la negación.

¿Qué mueve al mundo, el amor, la compasión, el odio, la buena voluntad, los buenos deseos?... Nada de eso, al mundo lo mueve las faltas, las acciones que buscan "la negación de una negación", de las necesidades, del hambre, en definitiva, lo negativo y no lo positivo.
si le quitas a la humanidad sus aspectos negativos, éste dejaría de funcionar, las cosas perderían sentido práctico; elimina el hambre, la guerra, el crimen, la deshonestidad, la tristeza, las depresiones, el dolor, las enfermedades, las heridas, los accidentes de tránsito, los aviones que se estrellan, los objetos que se dañan, que se rompen, que se averían,  etc. Y entonces, comenzarán los problemas, el caos absoluto, la pérdida absoluta del orden que rige al mundo.
La manera en que es el mundo, es la forma correcta y necesaria, si modificas algo del mundo, empeorarían las cosas de modos inimaginables.
Piensa por qué y verás las razones adecuadas para no desear ni anhelar una vida, un mundo diferente.


Sin muerte no existirían las funerarias, sin el hambre, cientos de personas no tendrían empleo: no campesinos, no agricultores, no vendedores, ni plazas de mercado, ni restaurantes y por ende, ninguna empleada que barra y asee el local que no existe porque no hay hambre; ni un camión con su conductor que transporte los alimentos… ¿y entonces para qué los frutos de la siembra, en los árboles?
Cada una de las desgracias se necesita, pues “una falta es para saciarse, para negarse”. Te fracturas una pierna, para eso alguien inventó las muletas, el yeso, la persona que toma la radiografía, etc. Si pierdes un miembro, ahí le das utilidad al que creó las prótesis.
El mundo perfecto, los paraísos tan anhelados, lo único que traerían es ponernos a vivir en un mundo de hastiante quietud. ¿Si las faltas se suprimen, entonces qué haríamos?
Si se acaban las enfermedades, ¿qué pasa con la medicina? ¿Si se acaba la sed o el cansancio, qué hacemos con el agua, con las naranjas o las camas donde descansamos? ¿Y qué pasa con los carpinteros, con los árboles y sus frutos, el agua de los manantiales?
Si hay licor, también enfermedades que un médico intenta sanar, los accidentes de tránsito ocurren, a veces gracias al licor, y esto genera muerte, en dinero para la funeraria, utilidad a las clínicas; un automóvil estrellado es dinero para las personas que reparan los daños, para el que pinta el carro.
Antes de atacar algo, primero debemos mirar la productividad que una necesidad-falta producen.
Sin el hambre, ¿quién trabajaría? Saciar el hambre nos lleva a movernos para negarla, para disimular el hambre. Recuerda que “el hambre no se sacia sino hasta la muerte”.
La paz, un mundo perfecto, sin crimen, sin violencia, sin desigualdad, etc. No conviene, aparte de que la imposibilidad de que este tipo de mundo se concrete en la realidad, en lo práctico—tangible. ¿Por qué?—dirán los positivos, los ilusos, las mentes pequeñas.
En un mundo donde la gente no cometiera delitos, los cerrajeros no tendrían empleo, no se construirían puertas de seguridad, llaves, candados, cerraduras, cámaras de monitoreo, no habría porqué emplear vigilantes en los centros comerciales, ni en los apartamentos con unidades cerradas, ni vigilantes en ningún lugar. Desempleo por donde se le mire.
Si de repente se acaba el crimen, la violencia, el incumplimiento de las leyes, se acabaría la razón de ser de los policías, los militares, los constructores y vendedores de armas, tanques, helicópteros, aviones, uniformes, botas, y todo cuanto se manufactura para el cumplimiento de la ley.
Si se acaban el cáncer, el SIDA, o las demás enfermedades, ¿para qué estudiar medicina?
Un mundo sin enfermedades, es un problema inmenso, más problemas, que beneficios. No hay empleo para los médicos, no se venden medicamentos, pierden valor y sentido las máquinas de rayos X, los Scanner, las jeringas, las agujas, las enfermeras, la anatomía, la ciencia, los laboratorios… en fin, imagina el desastre.  Así que, los paraísos en el que los creyentes desean vivir, yo lo desprecio. Casi todos los males se justifican, se dan como indispensables, si un mal proyecta un bien directo o colateral, los delitos se excusan a futuro. Un daño provocado, motiva un arreglo o persona-útil que modifique el daño.
Las fuerzas negativas mueven más al mundo, más de lo que se permiten aceptar los positivos.