martes, 28 de agosto de 2012

!Qué viva el aborto! Quién dijo que toda vida es sagrada o que toda existencia vale la pena.



Fragmento de un cuento corto titulado “El hombre coherente”

“Lo mejor que he hecho en mi vida, es no fecundar un óvulo o fecundarlo, pero luego matarlo”


Este hombre que escribe salió de un esperma y de un óvulo, pero los dos somos enteramente opuestos.
Hubo una época en la que me dediqué a ayudar a las mujeres en su desgracia, pero la gran mayoría no lo comprendió; se dejaron cegar por los instintos paternos y me denunciaron con la Policía; afortunadamente logré huir de sus garras morales y continuar mi trabajo benéfico.
En mi gran gentileza murieron varias mujeres, aquéllas que más tardaron en corregir el error; otras se salvaron, vivieron, pero afortunadamente, sus hijos no.
Ya se deben ir haciendo a la idea de qué clase de favor le ofrecí a La Sociedad.
Demasiados cometen el error de no repudiar a las mujeres embarazadas, de cederles el asiento, de tratarlas bien, de darles privilegios, de apoyarlas.
Inevitablemente sé que también nací de una ilusa que creía cometer una obra maravillosa.
Todo es culpa de ese adiestramiento que predispone un rol maternal como algo merecedor de respeto… ¡Qué Locura!
Luego de mucho meditarlo, de planearlo, una madrugada tomé la decisión de hallar mi primera incauta; al inicio de mi travesía a favor de La Humanidad pensé abordar a una mujer bastante inflada en la calle, pero pasar desapercibido era mi segunda intención. Mi ayuda consistiría en detener el síntoma de su Demencia, no en asesinar a la Loca. Para ello investigué dónde encontrar a mujeres de uno o tres meses de gestación. Personas que no estuviesen muy encariñadas con eso.

Ayer tuve un bello sueño; algo así es lo que recuerdo:
Desperté, un miércoles, el imponente sol iluminó la rota habitación, le di la espalda al sol y huí de allí. Abandoné a su mala suerte los objetos que el sol día tras día deteriora; quema el Nochero de madera, destiñe las cortinas; el sol carcome toda situación.
 Escuché las horripilantes voces de los infantes y hurgué entre los cajones, revolví el interior en busca del Revólver calibre 38, un regalo de mi abuelo; lo vi, lo tomé con las manos, con las cuales no he construido nada bello, ningún edificio, ningún albergue para la gente pobre y desgraciada.
Estas manos que se formaron tras la unión sexual de dos víctimas del placer genital han de dañar y nunca titubearán a la hora de una falla remediar.

Empuñé el hermoso revólver, la magnífica creación que ha suprimido el contacto directo al momento de asesinar, actualmente se asesina cómodamente desde la distancia.
En otro cajón hallé las balas, se las metí al Revólver, le quité el seguro, abrí la puerta… salí a la calle donde los niños hablaban total mierda: caricaturas, superhéroes; las niñas conversaban de las estúpidas telenovelas del Canal RCN, Y CARACOL; los infantes Jugaban a la cocina, al papá y la mamá. Desde pequeñas con esa estúpida ilusión de mortificarse en madres.
Qué asco, llegan a la pubertad y anhelan un sexo que va a anularles como individuos.

Conté los niños y supe que tan sólo iba a matar seis de nueve. El resto tocará matarlos con el puñal. Me acerqué silenciosamente a ellos y a ellas; alegremente se ensuciaban los niños en la arena, las niñas peinaban y vestían sus muertas muñecas, pero en sus ridículas cabezas de energúmenas los pedazos de plástico vivían y conversaban con ellas.
Los saludé y no se asustaron aunque mi voz fuese ronca. No teman—les dije: Acérquense, agregué y se acercaron. Les mostré la cámara fotográfica y les sugerí que posaran para una linda foto. Es para una revista infantil. Van a salir en la portada—dije, y sus sonrisas mostraron.
 Miraron mi agradable rostro, los ojos que inspiran confianza; bueno, por lo menos la genética me dio un rostro con el que engaño al mundo entero. Vieron fijamente mis ojos claros, la piel sin cicatrices, la tez blanca y dejaron de sentirse amenazados.
Se sentaron juntos los niños y las niñas. Mientras preparaba el flash ellos hacían muecas, gestos supuestamente graciosos, se empujaban entre ellos de un lado a otro del tronco donde se sentaron. ¡Quietos! –Dije. Se acomodaron inmediatamente, de menor a mayor, por altura, así como les enseñan en la escuela.
Escuela que mañana va a estar de luto y mamás histéricas… tal vez los observe con el telescopio.
Esta va a ser su última sonrisa, montón de mocosos—Pensé antes de tomar la fotografía. Luego disparé, aproveché que el flash los cegó; disparo tras disparo tomé más fotos, cada foto, un fogonazo de mi Revólver calibre 38 que destrozaba sus endebles cuerpos en desarrollo. Vi la sangre manchar sus camisas, los vi caer con una expresión en el rostro de quien no entiende lo que le ha sucedido… un absurdo cuestionamiento: ¿por qué me ha sucedido esto?
Los pájaros de sus nidos huyeron, los latidos de corazones se detuvieron… los tres que todavía vivían se quedaron pasmados, con las manos cubriéndose las cabezas, sin llorar, asustados por el impacto.

Cada foto, un recuerdo para la Historia, evidencias de mi yo real... retratos de sus muertes tempranas. Después de dispararles, los niños rodaron sobre sí mismos, cayeron bruscamente, se tropezaron, sangraron, y leves lamentos resonaron en mis oídos; quedé lleno de entusiasmado por el sonido de la pólvora. Saqué del bolsillo del pantalón la navaja, me acerqué a una niña, levanté su cuello y le corté la garganta, rápidamente hice lo mismo con los dos restantes.
Esa niña que maté, iba ser bonita cuando grande, pero, ¿qué importa eso?
La belleza no le salvó la vida, ni le dio privilegios a la hora de morir a manos mías.

Escapé de allí con suma facilidad, nadie vigilaba a los niños.
Mi Obra, mis fotos. Algún día muchos las verán y se emocionarán, no se asquearán de ver esos niños muertos. Una de tantas imágenes trágicas de la violencia. Sólo para mí adquieren el valor original. Para los demás no significa lo mismo, porque cuando las vean, no verán a nadie conocido, no sufrirán por el niño muerto. No era su hijo y por ello no sufren. Vamos a la Guerra, llévate una cámara de video para mostrarles a los Noticieros, nos haremos ricos con su Amarillismo. Mira cuántas bombas explotan en Irak, ve cómo iluminan la ciudad, es un gran espectáculo, es un momento Histórico, vívelo con los ojos de un testigo en La Historia actual. Dentro de unos años saldrá en las enciclopedias lo que tú ahora ves en vivo y en Directo gracias a La Cadena CNN. ¿Qué importa un muerto retratado, convertido en Historia? ¿A quién le duele ver los cuerpos desnudos de judíos en 1.945? Ni a ti ni a mí, pues no somos judíos ni es lógico que nos preocupen los desconocidos.
No digan—Qué lástima de esos pobres bebés—cuando en realidad es mentira. Decenas de niños mueren al día y nadie lo impide.

Ninguna matanza basta para agotar al Mundo. Siempre nacen más y más. La solución no es matar a los que ya han nacido. De eso me di cuenta después, y decidí ir a la Fuente del problema. La mujer embarazada. Repugnante nuevo ser.