viernes, 3 de octubre de 2014

Si los perros hablaran, tal vez me gustarían


Muchas cosas positivas he escuchado y leído sobre tener un perro. Sus dueños hablan maravillas de ellos, dicen que hay muchas ventajas y beneficios al convivir con uno de estos animales, pero vengo a decir que no les creo ni pienso como ustedes; no digo esto de la nada, sino de la experiencia; bueno, ya era algo que intuía sin verme antes obligado a sufrirlo en carne propia.

El asunto comienza así: hace más de un año, mi hermano adquirió un perro, lo trajo a la casa, cuatro meses después de meterlo en medio de nuestras vidas, él, mi hermano, se fue a vivir con la novia en otro lugar e intentó en varias ocasiones llevarse al perro a la nueva casa, pero ocurrió que el perro no gustaba del nuevo ambiente y en pocas palabras, el animal vive con nosotros, en la casa y no donde el dueño, donde la persona que sí deseaba un perro.
Ese no es mi caso, yo no quería un perro, yo no pedí uno, ningún tipo de mascota. Y no se trata de que no me agraden los animales, no se trata de que lo maltrate ni nada que relacione violencia... ni siquiera, rechazo.
Al contrario, me he hecho responsable de suplir las necesidades del perro, le quito el hambre, le quito la sed, lo saco a pasear, le presto mi atención, todos los días, desee o no desee salir y darle una caminata necesaria para el animal, para que el animal no se aburra, no se estrese, para que cague, para que orine tranquilamente.
La cuestión después de lo dicho es que, hasta ahora, no he visto los beneficios y ventajas de las que hablan o escriben los demás. 
Al revés, ahora tengo muchas más razones para no gustarme; a fin de cuentas, es la misma estupidez y hasta peor que un hijo, ser padre, ser madre.

El perro no puede darme nada que yo en realidad anhele, su presencia no me es una necesidad ni un placer; simplemente está ahí reclamando atención, cariño y cuidados.
El no me beneficia;supongamos que me siento solo y triste, pues con el perro no me siento acompañado ni se me quita la tristeza.

Al igual que no deseo tener un hijo, el perro es la misma tortura, la misma responsabilidad, el mismo puto problema del que siempre he escapado.
En fin, la culpa ha de ser mía, yo no soy ese tipo de persona que disfrute tener en su día a día un hijo o un perro.
No estoy dispuesto a hablar solo, sentir que hablo a solas, por eso mismo, no le hablo a mi perro, no lo uso para desahogarme ni nada por el estilo.... qué pérdida de tiempo y palabras.

Allá ellos los que una mascota les parece algo bonito y gratificante. Ese tipo de persona no soy yo.
Definitivamente me quedo con los seres humanos, sin importar lo asquerosos y malos que lleguen a ser.
Con las personas puedo recibir y transmitir ideas con mayor claridad, en cambio un perro no me contesta, le falta el lenguaje, mi lenguaje, no escribe, no habla, tal vez intente comunicarme alguna cosa, a su modo, pero no entiendo sus expresiones y en lo personal, eso, es un gran problema.