sábado, 28 de julio de 2012

La religión es mala. La religión es represión





Según lo veo yo, mientras más limpio y metódico se haya vestido el pastor y sus ovejas, mientras más se bañan en perfume, simplemente más porquería es la que intentan ocultar.
 ¡Ay, no, tan decentes que se ven con esa ropa, con esas camisas azules, de cuello firme, de traje y corbata!
El pastor de tu culto, arrea las bestias, qué risa me das, tú eres el animal complaciente.
Esos hombres y mujeres que pertenecen al culto se disfrazan de pulcritud y no comprenden que nada es más putrefacto que un puritano. Los veo como a un enfermo de sífilis, de tuberculosis, que se maquilla para que no descubran en su rostro demacrado la enfermedad que lo habita. Por muy bonito que sea el calzón con que se tapa el miembro, eso no evita que la purulencia le salga verde.
Mientras más larga la falda, mucho más amplia la lujuria debajo de ellas.
El cinturón de castidad mental que les imponen demuestra cuánto control requieren para no caer en tentaciones. No se embriagan no consumen drogas por miedo a desinhibirse y no lo hacen por fuerza de voluntad, es por temor a que les guste lo que llaman la vida decadente. Su debilidad les indica que es mejor no probar.
Yo me embriagó, pero no me descontrolo ni termino desnudo, no me desequilibro, no dejo de ser él yo coherente y recto que conocen, pero cuando un intento de puritano se embriagan, éste pierde la cordura y muestra quién es en realidad.
Fuerte es quién borracho realiza acciones de las que luego no se arrepiente o que no modifica su comportamiento por el alcohol. Al contrario, ya me los imagino, a los súper fanáticos en estado de ebriedad, mostrando sus pasiones ocultas, sus odios reprimidos, sus perversiones nunca admitidas, su vulgaridad escondida.
Luego se dan azotes por lo arrepentidos que quedan por las pecaminosas cosas que hicieron. ¿Qué castigo temerán?
No se drogan o embriagan por que se dirán a sí mismos: si me embriagó, de pronto me lanzo encima de mi compañera, la invito a un baño y allí empiezo a manosearla debajo de la larga falda.
Si me embriagó, pensarán los evangélicos, los testigos de Jehová, seguramente le doy rienda suelta a mi desprecio por la gente y demuestro todo lo que reprimo; me embriago y los insulto... me emborracho y me vuelvo un desastre, un ladrón...
me vuelvo un indiscreto, un grosero, un libertino. Ella se toma las copas de ron o de vino y se le suben los calores, le arde la entrepierna con licor; se pone frenética y su cuerpo se vuelve accesible al roce de las manos y persigue que un pene la penetre antes del matrimonio.
Si los puritanos se emborracharan verían la vida con menos complique, más liberalmente, menos cohibida, exenta de estúpidas reglas.
Si ellos, los fanáticos religiosos, promueven la castidad, la verdad, la humildad, y sobre todo, el no al sexo prematrimonial, no a la infidelidad, no a las bebidas alcohólicas, pues, sinceramente, me declaró en contra de ellos. Rechazo sus principios, me niego a vivir en un mundo sin sexo, sin traiciones, sin mentiras, sin arrogancia, sin guerras, sin licor, sin cervezas.
No, no me interesa ser humilde, o arrodillarme ni sentirme culpable, creer que soy poca cosa en mi condición de ser humano en comparación con un dios; no aspiro a la perfección, no busco una luz ni un camino, no voy a entregar mi vida, no pondré mi vida en las manos de su señor cristo, no deseo recurrir a una fe, a una religión, a una secta para que supuestamente mi existencia cambie.
Los creyentes usan su fanatismo como si de un club social se tratara, ellos, dizque son lo mejor de lo mejor. La raza que sobrevivirá al diluvio, quienes no arderán en los ríos de fuego, los que jugarán golf en los campos Elíseos. El resto, los ateos y no practicantes no entraremos a tan afamado y exclusivo club.
De Cristo se podría decir que su egoísmo es inmenso, dicen que él es el único que abre la puerta, el único que es el camino. ¿Qué pasó, entonces, con los que existieron y murieron antes de Cristo? ¿Qué ocurre con los que creen en Mahoma, en Confucio, en buda, etc.?
¿Esa parte de la humanidad se va las catacumbas, a los infiernos, al limbo, adónde?
¿Qué ocurrió si sus almas o su cuerpo murieron antes de que existiera un Jesús que asegura, según la biblia, la entrada a los cielos?

Mi alegría será inmensa cuando razonen y sepan que ninguno de ellos es el camino al paraíso, que no hay que salvar el alma ni preocuparse por la reencarnación, ni la escala evolutiva espiritual, etc. ¿Cuándo van a aceptar que no es posible ni necesario hallar la perfección, que no hay un cielo ni un nirvana?
Hasta los griegos, los egipcios sostenían esas ideas locas de un mundo mejorado, de una vida después de la muerte. Muy bueno, construyeron las pirámides, pero igualmente creyeron en lo superior, en los dioses, en los mitos.
El animismo ya se superó, pero cuándo se superará lo que ahora creen en con tanta fe y seguridad de no estar en lo incorrecto.
Los mayas, los incas vivieron en el engaño, endiosaron a las estrellas, al firmamento, a los simples planetas, y ahora nosotros sabemos su error.
Mataron vírgenes, sacrificaron animales y personas, creían en el inframundo, etc. Suponían aplacar con ritos la ira de sus dioses, en la actualidad descartamos todo esto, lo tratamos como un mito y me cuestiono, ¿cuándo resultará que cada uno de sus ritos cristianos será visto del mismo modo como miramos el hecho de lanzar gente al volcán con la intención de calmarlo? ¿Cuando el catolicismo se llamará leyenda y no una verdad?

Otro caso de locura religiosa ocurre en la India donde las personas consideran al río Ganges, un lugar sagrado, pero en realidad es un río repleto de muertos mal quemados, de cadáveres putrefactos, de suciedad, de bacterias, pero los Hindúes no lo ven de este modo, para ellos el río posee propiedades curativas y otras mentiras.

Un creyente repleto de fe no protesta contra ninguna enfermedad, pues, lo que ocurre es parte del plan de Dios en el que confía ciegamente. Sufre hasta llegar al punto de rechazar la medicina, no van al médico por qué ir a un hospital o tomar medicina es ir en contra del Dios que lo enferma. El buen creyente no protestará cuando a su madre le dé cáncer, cuando su padre muera. Todo hace parte de la voluntad de su Dios.
Cualquier clase de desgracia pertenece a la divina voluntad, ¿usted comparte esta idea?
Si es así, qué asco. Entonces, desde esa perspectiva, un súper creyente aplaude un terremoto, o un resultado catastrófico. Si el desastre ocurre por voluntad de Dios, ¿debo aceptarlo?... ¿También debo considerar buena a la persona que apuñala a mi madre, siendo de este modo el asesino un instrumento de la voluntad divina?

 Pongamos un ejemplo: una persona se dispone a matar, va por la calle distraído, tanto, que estuvo a punto de que lo atropellaran, pero otro transeúnte lo salvó, sin saber que su buena acción permite ahora que el hombre cumpla con su plan, el cual era, ir a matar a unas personas en un restaurante.
El buen smaritano impide el atropellamiento, pero no los posteriores homicidios. Indirectamente colaboró con la muerte de esas personas del restaurante. No lo olvidez, una buena obra, no siempre es la adecuada.


(Imágenes del Río Ganges en India) 





viernes, 13 de julio de 2012

Carta a mi novia imaginaria





Mujer, no quiero que tus sonrisas y lágrimas dependan de mí; no quiero que te humilles ni que te comportes como una idiota cuando estés a mi lado; me agradarías más si conmigo estás porque te da la gana, y no porque crees que me necesites para vivir feliz o menos aburrida. Me gustaría que mi presencia te haga falta máximo tres veces a la semana, pues de esa manera cada uno puede vivir la vida a su manera, con tiempo para sí mismo, sin estúpidas dependencias, costumbres y rutinas.
No me importa ni interesa que te sientas protegida a mi lado; ni que yo fuera un seguro de vida o un chaleco antibalas y si en la calle empiezan a repartir bala, ni crea que con mi cuerpo voy a protegerla de las balas; mejor corra y escóndase, pero de mí no espere nada heroico. Ni que yo fuera superman.
No tienes que quererme, amarme para besarme y desnudarte, a otro perro con esas mentiras.
¿Obsequios? Pero por supuesto que te los doy si antes o luego me muestras las tetas.
Cariño, no me abraces tanto tiempo, unos treinta segundos son suficientes para consolarte, ¿o es que con tus senos buscas excitarme?
Y cuando vamos a salir, a vernos un rato, ¿Y por qué carajo te maquillas tanto, por qué tardas tanto en escoger una simple ropa? Deja de ser tan insegura.
Deja de molestar si de tu cambio de cabello no hablo y eso de que debo reiterar que eres bonita a cada rato para sentirte bien contigo misma, es muy harto. Y en vez de quejarte porque no he llamado, pues llama tú y no seas tan creída, malparida.
Tú no eres la mejor mujer de mi vida ni la primera ni la última, abandona esa ridícula fantasía.
No me intentes convencer de formar familia, de vivir juntos o casarnos. Recuerda que tus padres me importan un culo hediondo, entonces evita reuniones o paseos con tu familia.
Y si de casualidad siente que se está enamorando, no olvide que soy una porquería al que no le gustan esas patéticas sensiblerías.
Tenga muy en claro que únicamente nos besamos, tenemos sexo, conversamos, reímos juntos y disfrutamos del momento; esta relación no es para llenar vacios, reparar traumas o causar heridas. 

Soy una experiencia más de tu vida y no medicina que calma tu dolor. 

martes, 10 de julio de 2012

El poema del ebrio, patético y fracasado

Jeff Albertson


Miseria que mata, miseria que detiene los ensueños, ponme en un avión a punto de estallar, o lánzame al olvido.
Conformismo y delirantes esperanzas, Mata de una vez las desilusiones, con licor o con drogas, Pero mátalas, envíalas de regreso a la mierda.
Rompe la copa, bebe directo de la botella, y lánzate por las escaleras.
La fe te conduce a muchos lugares, tal vez a los peores.
 
Un respiro necesario para olvidar el dolor en mi vida. No soporto más las cadenas alrededor del cuello; somos los débiles que raspamos la hoja y luego la fumamos.
Dame más licor, dame más alcohol, ponme de rodillas, dolor, ponme de rodillas, vida.
Amigo, tírame la cuerda, sálvame de este inmenso dolor con un poco de Licor.
Soy tan frágil, soy tan estresado sin justificación.
Escucha mi garganta arder, oye mis huesos quebrarse.
Duerme, descansa, muere, camina, detente, compra una botella, ríe, exclama la estupidez, y no te sorprendas.
Hace muchos años era un joven tranquilo y sin sorpresas. Malditas sorpresas, malditas sorpresas.
Pena, penumbra, el faro se ha apagado. Cuando el barco se estrelle, no te sorprendas.
Por favor, calla, habla, protesta, calla, y bebe de la botella.
No te sorprendas de que no haya solución.
Toca las campanas en busca de ayuda. En vano toca las campanas.
Cuando la vida se acaba, échale tierra a tus deseos.
No sé para qué salir a una calle atosigante, donde los niños felices ocupan mi lugar, donde ya no puedo liberar mi tristeza.
Un aspirante a radical ocupa mi Silla. Un farsante, los hippies ocupan mi esquina de ebria salvación.
La torpeza habitual, las palabras inapropiadas, las imaginarias mañanas soleadas.
Siempre huyendo, nunca afrontando las consecuencias. ¿Qué es esto, qué es esto?
 
Contra la pared, contra la purificación.
Recuerda, pequeño inservible, recuerda lo que no eres capaz de hacer, nunca olvides tus fracasos. Cerdo inepto, recuerda los fracasos; Basta de volver a intentarlo,
Ríndete, tira la toalla, cae de la nube de orina amarrilla y despierta.
Llueve y se mojan mis ojos. Llueve y llueve sin escampar en mi corazón.
Desde una gran altura volveré a caer. Volver a caer, tan alto como la lluvia.
Roto, podrido, inútil, resquebrajado el cascarón que me protegía.
Por una honda pena, por una cueva, en la selva me pierdo, en los pensamientos me pierdo, y grito para que las paredes me oigan.
El viento se lleva mis esperanzas, y testifico ante un jurado que solamente sabe declararme culpable.
Culpable de todo, todo para derrotarme. Cada uno de ellos para aplastarme.
Tú puedes conseguirlo, pero no yo puedo. Cada cosa un estorbo, cada uno un delirio de oportunidades irrealizables. Cada uno en el error.
No cambies el tema, no huyas, dame la cara, restriégame la ineptitud de mis acciones.
Un perro llega para morderme, un castor morderá mis piernas.
El ruido, la calma, el vigilante, el ladrón.
El triunfador, el estancado. Los límites inventados.
Las recolectas de dinero, las caminatas hacia la licorera. La fila en la licorera, el producto tan anhelado. El futuro borracho sin memoria.
El ebrio que habla, el ebrio que se enceguece con las feas. El tropiezo, la mano en la nalga ajena, la golpiza.
 
Dime cuándo voy a morir, dime cuándo voy a vivir en serio, dime cuándo iré a ver las cataratas del Niágara, por ejemplo.
Para derramar las lágrimas, tan sólo es necesario recordar a agosto. Para llorar, tan sólo es preciso recordar.
Salta de tu asiento tranquilo, regresa a la época de la depresión, y huye del sol.
 
Ella piensa de nuevo en mí. Un fugaz recuerdo, una sonrisa, una carcajada en blanco y negro.
Lo único que vi fue tu rechazo, lo único que recibí fue tu maltrato. Y el miedo me pone a temblar como un niño en invierno.
No te involucres conmigo, tristeza de la mierda. Hoy no estoy de ánimos para tus mentiras, aunque tampoco mañana.
Y en mi mente permanece un bello recuerdo, Pero en los oídos hay un deseo de no escuchar tu voz.
No tienes nada que decir, nada bueno, y por ello es que no soporto oír tu voz.
Nada para decirme, nada para hacer, todo para gritarme. Sin embargo, No dejes de respirar, en un suspiro di que me amas; no dejes de suspirar, aunque supongo que este es el final de la inocencia, el comienzo de mi decadencia.
Hay una queja, una molestia fuera de lugar, y cuando me embriago no recuerdo cuál es. Por ello es que vivo así. Ebrio para no pensar tanto, ebrio, si señor.
Cartas escritas que me ridiculizan, nunca les debí enviar.
No volveré a palpar el cariño que me enamoró de ti. Y me desvanezco, otra vez.
El teléfono, esta máquina se niega a comunicarnos. ¿Y por qué me sorprende, si tú eres el Silencio y yo la obsesión?
Me desvanezco otra vez, y me esfumo otra vez.
Un cigarrillo que no compartimos, un amor que no compartimos, un trago que no bebimos, unos besos que no repetimos. Unos ojos para no olvidar.
Y me desvanezco otra vez. Ya van saliendo las lágrimas y es el licor quien me ayuda a despertar.
Érase una vez, unos meses maravillosos, pero finitos. Tú eras tan hermosa, tú estabas cerca de mis mejillas.
Grandes ojos que bloquearon mi razonar. A veces tan directa, y otras veces, más fría que la muerte. Nunca jamás una nueva oportunidad.
La tragedia es diminuta, pero aún así, me acongoja, pues nunca cambiarás.  Y mamá ignora la razón de tanto licor. No lo ve, no se da cuenta del peso en mis hombros.
Cocina, y cocina sin mirarme a los ojos llorosos.
 
Díganme por cuánto tiempo dolerá…

Monotonía, mediocridad, licor en la choza de Marco Fidel Suárez




Una vida sin etapas, una chocante igualdad, un vegetar en círculos y un devenir irrealizable. Los matices de mis ilusiones no se profundizan, estoy en la rueda que gira sin avanzar, doy vueltas y me mareo en esa constante improductividad sabrosa como una copa de Ron. Feliz e infeliz en la semana que transcurre como se ha planeado mediocremente. El sábado salgo, compro Licor, me siento en los rincones habituales, me embriago, de pronto hablo con un compañero de decadencia, orino en el billar de La Avenida Suárez, y al domingo, la satisfactoria resaca, el hambre, el desayuno, el agua helada, más espectacular que en otros días. Los pensamientos de intoxicado, los planes de intoxicado, los impulsos de intoxicado. Y el lunes es la lastimosa muerte de ese gran placer que poco dura.  Ni me destruyo, lo que de algo serviría, ni me embriago las horas o los días necesarios para sublimarme. Si por beber me muero, tómalo como un triunfo, pero como no me alcanza para llegar a esas instancias fúnebres, hasta en la bebida fracasaré.
En las calles de la indolencia donde una botella de Licor te convierte en el más grande. En las calles de un Bello degradante me adapto. En los oscuros muros donde me dispongo a caer borracho, allí es mi lugar en el universo de las complacencias mundanas.
He llegado al punto donde ya no sé ni sumar la cantidad de las erráticas ensoñaciones, tan abundantes y variadas que, jamás sacaré el resultado exacto o las consecuencias.
 
Una esquina con vómitos ambulantes, mucho excremento envuelto en una bolsa llamada cuerpo. Un rincón tuyo sediento de una mano, una garganta fétida, caliente por el Licor.
Una serpiente en el interior, consumiendo, atragantándose con el bocado alimenticio, una glándula deficiente que mata, un retorcijón estomacal, culpa del licor sin almorzar.
Una falda para domesticar una bestia llamada hombre, un teléfono para mentir con mayor facilidad, un minuto para que se abracen borrachos, los patéticos decembrinos.
Si dos más dos no fuesen cuatro yo no hubiera perdido el rato en ese examen.
Dame un premio por una loca teoría, recompensa lo despreciable con muchas botellas de licor. La amistad es lo menos difícil de obtener, sólo basta el cotidiano aburrimiento para que cualesquier par de imbéciles se unan y presuman llevarse bien. Lo que yo uso para rodearme de pegajosos es un vicio, un cigarrillo, marihuana o licor.
Gris la calle, gris la sinfonía, petulante el asesor de una orgía, desmedido el cretino que se robó los últimos dos tragos. El agua cae y me quejo, el agua no cae y un montón de negros se mueren de sed y hambre.
Una cortina que impida ser descubierto en mis obscenidades, una cortina oscura que no dé oportunidad a los mirones de verme arrinconando a las niñas que acceden a visitarme.
Dos ojos y una boca bastan para engatusarlas, y no grite, pues no hay nadie en casa que evita dejarla de ropa escasa.

La mujer sale del Cajero Automático con tres billetes guardados en el bolsillo hasta que un cuchillo le enfría el rinconcito prohibido: esto es un atraco, desembuche el dinero.

Mucha paloma de la paz vuela cagando el Mundo. Tres marranos, el que construyó la casa de ladrillo es un cerdo político, y como los otros dos marranos no lo son, tan sólo se ganan el sueldo mínimo, entonces llegó el Lobo de los impuestos y los dejó sin casa... jajjajajajja....

Un horno es el destino del que no contribuye con los gusanos de la materia en descomposición.
Las frutas se pudren, pero se fermentan y mezcladas con agua uno se embriaga, pero la vida es tan porquería que ni estando podrida sirve para hacer una embriagante bebida con su porquería.
No te sorprendas cuando el meteoro traspase la atmósfera y destruya la vida tuya.


La sociedad virulenta, indispuesta cada que ayuda pido. Un coro de horrendos niños grita, una maestra vestida de blanco, tarde se da cuenta de que hoy le venía la chica de rojo en la entrepierna y el homo fóbico no desea llegar a viejo para que no le revisen la próstata.

Las prohibiciones morales son el instrumento del mal. Cuanto más lo rechazan las mujeres, él más perverso se vuelve, así que, acepta sus propuestas carnales antes de que se desquite con su hija en casa.
Es viernes para el que se pierde gastando un billete verde. Viernes cultural para orinar ebrio un mural. Gracias, señor ex presidente por vivir en una Choza donde todos podemos embriagarnos y fumar, gracias por vivir en esa choza que con el transcurrir de los años ahora todos orinamos.